De urogallos y corzos

Mayo es el mes de los urogallos. En este mes entran en celo y las redes sociales se vuelven locas con imágenes de urogallos, ya sea de los españoles o de los centroeuropeos.

Este año tenía muchas ganas de intentar conseguir una buena imagen de urogallos por primera vez. Nunca los había ido a buscar pero muchas veces me había topado con ellos andando por la montaña, aunque en esas ocasiones solo los ves volar alejándose de ti durante un instante.

Desde hace unos meses andaba planificando la salida. Elegir el lugar es lo mas importante, como para la mayoría de buenas imágenes de fauna salvaje. No tenía experiencia con estos animales, pero imaginaba en qué sitios tenía más probabilidades de verlos. Además, este año teletrabajaba, así que tenía más tiempo para salir a la montaña entre semana, al terminar la jornada de trabajo.

Sin embargo, mis planes no salieron como esperaba. Por varios motivos personales, no estuve los tres primeros fines de semana de Mayo en Andorra, y mientras no dejaba de ver imágenes de urogallos en Instagram, pensaba que mis mejores oportunidades se estaban esfumando. En concreto, me fascinó el trabajo de Jaime Rojo y me daba envidia (de la sana), así que me propuse vivir una experiencia similar con mis propios medios.

No fue hasta el último fin de semana del mes cuando me dispuse a intentar conseguir mi objetivo. No tenía ningún sitio estudiado, ningún cantadero conocido ni escondite pensado para poder esperar a verlos en acción. Por eso, el sábado por la tarde me dirigí a la zona que tenía en mente, con la simple intención de observar y planificar mejor.

Sali con tiempo, sobre las 15h, y me pateé el bosque en cuestión. Encontré tres cantaderos, muchos más de los que esperaba. Los cantaderos pueden pasar desapercibidos para quien no sabe lo que busca. Son pequeñas zonas debajo de un pino, donde los urogallos se pasan toda la noche exhibiéndose. Para ello, despliegan las plumas y hacen su canto característico.

Parte de su exhibición es arrastrar las plumas por el suelo, por lo que cuando pasas por un cantadero parece que alguien haya barrido debajo del árbol. Además, en su intento de impresionar a las hembras, los machos hacen pequeñas montañitas de excrementos. En cuanto encuentras un cantadero no tienes ninguna duda de que ahí ha estado un urogallo.

¿El problema? Es muy difícil que estén allí de día. Por eso, quien se dedica profesionalmente a ello, se queda durmiendo toda la noche en una tienda de campaña bien camuflada, con las esperanza de que en algún momento se acerque un macho a últimas horas del día o primeras horas de la madrugada. Todo ello tras localizar el cantadero apropiado, ya que los machos se suelen mover entre varios a lo largo de la noche. Por tanto, como suele pasar a la hora de fotografiar fauna salvaje, la suerte juega un papel importante.

Tras localizar estos tres cantaderos aún me sobraba tiempo y, como soy un poco cabra, me subí al monte. Subí por un lugar que no conocía. Me sorprendió que, tras el viejo bosque donde estaban los cantaderos, había unos campos muy extensos, más de lo que imaginaba.

Y tras eso, subida y mas subida. Subí por encima de la línea de pinos con la esperanza de ver algún sarrio, ya que es buena zona. Pero nada de sarrios. Seguramente porque es una zona bastante concurrida y el progresivo aumento de gente en la montaña andorrana en los últimos tiempos hace que cada vez se vean menos.

Durante mi búsqueda de isards hice volar a dos perdices rojas. Siempre están en las hierbas de alta montaña agazapadas y, cuando te ven, se esconden para pasar desapercibidas. La mayoría de veces puedes pasar a escasos metros de una pareja de perdices y ni siquiera darte cuenta. Sin embargo, cuando tu camino se cruza con el suyo, acaban cediendo y salen volando a 2 metros de tus pies. Además, las perdices chocan las alas al alzar el vuelo y hacen mucho ruido, lo que suele provocar que te lleves un buen susto. Eso me hace recordar que en la montaña sólo somos invitados y que ése es el hogar de muchos animales.

Ya de bajada, y como seguía sobrado de tiempo, me detuve a hacer algunas fotos a las grandallas amarillas, difíciles de ver ya que solo florecen unos días al año y en alta montaña

Tras esto, me dirigí hacia donde había visto los cantaderos con la intención de quedarme quieto hasta que se hiciera de noche, a ver si me sonreía la suerte y algún urogallo se dejaba ver. Por el camino, me ladró un corzo en cuanto me acerque demasiado a él, pero no le di importancia.

Fui directamente al cantadero que me pareció más adecuado, el que parecía más grande y más activo, y no estaba demasiado arriba para no tener que caminar mucho de noche de vuelta al coche. En cuanto llegué, estudié un poco la zona intentando pasear lo mínimo para no dejar rastro de mi presencia. Me coloqué sentado en un árbol debajo del cantadero, con la espalda apoyada en el tronco, ligeramente escondido por unos arbustos. Desde ahí creí que no estorbaría al urogallo si entraba, y creía que la composición fotográfica podía dar buen resultado.

Así que me dediqué a esperar. Echando de menos una capa adicional de abrigo que, si bien no me había hecho falta mientras andaba, una vez quieto, a unos 2200 metros de altura, en mayo y en un día nublado, me hubiese venido genial.

No llevaba mucho tiempo en esa posición cuando oí un ruido a mis espaldas, en dirección contraria a lo que esperaba. Me di media vuelta lentamente y vi un corzo a unos 30 metros. Subía decididamente, bastante deprisa, haciendo zigzag y parando esporádicamente para dar un bocado. Me mantuve alerta y con la cámara preparada, y me sentí muy afortunado cuando vi que el corzo subía directamente hacia mí. Mi posición era muy mala y el animal subía bastante deprisa, así que las fotos que hice simplemente son inservibles. Pero en cuanto el animal estuvo a 5 metros de mí se dio cuenta de mi presencia, seguramente por el sonido del obturador de la cámara, y de un salto volvió sobre sus propios pasos unos metros hasta que se paró detrás de un pequeño pino. Estaba escondido y no podía verle, pero él a mí tampoco y la famosa curiosidad de estos animales le hizo asomarse a ver qué era aquello tan extraño que había entre unos arbustos junto al tronco de un pino. Fue en ese momento, que no duro mas de unos 3 segundos, donde capté la que creo que es la mejor imagen de corzo que he tomado hasta el momento. No sólo por la imagen en sí misma, sino también por la historia que hay detrás de ella y por todo lo que transmite.

Tras hacerle la foto, el corzo se fue ladrando, pero sin estar seguro de lo que le acababa de pasar. Pude ver cómo me rodeaba, inseguro de sí mismo, y retomaba la misma dirección por la que venía, como si no quisiera que mi presencia afectara a sus planes.

Al cabo de una hora y media en esa incómoda posición, con la pierna dormida y la espalda torcida, me di por vencido aun sabiendo que me iba a la mejor hora para ver animales. No pude aguantar más el frío. Todavía tengo la duda de si ese corzo era el mismo que me había ladrado unos 20 minutos antes más arriba y estaba volviendo a su territorio (te recomiendo este articulo donde explico otra experiencia con un corzo que siempre salía al mismo campo).

A la mañana siguiente volví al mismo cantadero cuando aún no era de día. Vi otros corzos, pero ningún urogallo, ni siquiera los oí. Supongo que es un asunto que me queda pendiente para la temporada que viene. También volví a subir a los extensos campos que había visto el día anterior ya que era una buena hora para ver corzos, pero en ese momento se puso a nevar. Y, no sé por qué, me entro una sensación de felicidad indescriptible.

Después de dar alguna vuelta por ahí en busca de corzos sin lograr encontrarlos, y ya de vuelta al coche, encontré una murga de un tamaño considerable. Ese mismo día me la comí en un revoltillo.

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2 comentarios en «De urogallos y corzos»

  1. Jordi Marques Llurens dice:

    Me ha encantado…. Estoy esperando el segundo relato con ansiedad por verlo ya!!….. Se me hizo muy corto…. Quiero mas…. Y mas fotos.
    Creo seria una buena idea mas adelante reagrupar todos los relatos juntos en un libro.
    Felicidades!!!

    Responder
    1. Jordi dice:

      Hola Jordi! Ya se me habia ocurrido lo del libro, pero me gusta que pienses que es una buena idea. En parte, este blog nacio para recopilar todas estas historias y ver cuales son las que mas gustan. De todas formas, aun hacen falta muchas mas. Un saludo!

      Responder

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