La corza de entre las hierbas y cómo un buen equipo ayuda a conseguir la foto

Era un día de esos que terminas cansado de teletrabajar y tienes ganas de salir de casa aunque sólo sea a ver el sol. Cogí el coche y la cámara de fotos y me fui a dar una vuelta, sin saber muy bien a dónde. Era relativamente pronto, sobre las 19h, y en julio se hace de noche sobre las 22h. Como parecía que iba a llover me animé a buscar corzos.

Nada más empezar a subir por la carretera ya vi una corza a lo lejos, pero en cuanto paré a mirarla bien con los prismáticos la perdí de vista. Como sabía que por esta época las hembras suelen ir acompañadas de pequeños, estuve un rato esperándola. A los 15 minutos la vi salir bastante más lejos de lo que la había visto la primera vez. Salió corriendo de los árboles donde se escondía y le seguía detrás una cría con unas pocas semanas de vida, pero lo suficientemente fuerte como para correr siguiendo a la madre. Como salieron lejos e iban corriendo, no pude hacerles fotos. Pero, sólo por ver al pequeño corriendo ya había valido la pena salir esa tarde.

Siguiendo por la misma carretera, me pareció ver algo extraño en un campo sembrado. Paré a mirar con los prismáticos y se trataba de una liebre. Hace mucho tiempo que tengo ganas de hacer una buena foto de una liebre, pero son tan difíciles de ver como rápidas en salir huyeendo. Aun a sabiendas de esto, intenté acercarme a ésta. Por desgracia, no tenía ningún sitio para esconderme, así que le hice unas fotos a cierta distancia y se fue corriendo.

Un poco más arriba, al llegar a un sitio donde sabía que se suelen ver los corzos, me paré a observar, como siempre. La hierba estaba muy alta y no vi nada. Pero al arrancar el coche de nuevo vi una cabeza moviéndose entre la hierba. Era un corzo. Una hembra, o al menos eso pensé ya que no tenía cuernos. Estuvo un rato comiendo y al final se cansó de que estuviese por ahí y se fue. Al dar un salto pude verle la mancha blanca en el culo, que delató que en realidad se trataba de un macho. Uno sin cuernos, me extrañó mucho. Podría ser uno joven, de este año, pero el cuerpo parecía el de un adulto. Me fui con la duda de qué era exactamente lo que había visto.

Seguí por mi camino y entonces se puso a diluviar. La típica tormenta de verano que cae muy fuerte durante unos minutos y luego se para. Cuando termina está todo mojado y los animales suelen salir al descubierto para secarse, pero en todo lo que quedaba de tarde no volví a ver a ningún animal.

Fue justo al final, cuando ya estaba dando por finalizada mi excursión, cuando vi a una corza en un campo al lado de la carretera. Era muy fácil hacerle fotos desde el coche, pero son las típicas fotos de corzos, hechas desde arriba, que no me suelen gustar

Entonces miré a mi alrededor y vi que el campo en el que estaba la corza tenía una pequeña casa a la que se debía de poder llegar por un camino. Así que me fui hacia allí con la intención de entrar al campo al mismo nivel que la corza. Era ya casi de noche.

Me acerqué muy despacio hasta colocarme a unos 15 metros de la corza, pero las hierbas estaban muy altas y me salían manchas borrosas en la imagen. Además, cada movimiento que hacía rompía alguna hierba y la hembra miraba en mi dirección. Estuve mucho rato buscando una buena posición, y a esas horas cada segundo cuenta para la luz.

Preparé la cámara a 1/500s, f7.1, pero con esa luz me daba ISO 51200 y -3EV de exposición, es decir, imagen completamente negra. Bajé la velocidad de obturación a 1/50, que ya me parecía muy poco teniendo en cuenta que disparaba a 500mm. El ISO me salió a 12800. Disparaba con la apertura máxima del canon 100-500 mm RF.

Como tenía muchas hierbas por delante y estaba relativamente cerca decidí probar el modo de enfoque a animal EYE AF (detección de ojos de animales). Funciono perfectamente, a la primera, y las hierbas que tenía por delante no distraían al AF.

Con la cámara bien preparada y con el modo de ráfaga silenciosa me aseguré unas cuantas fotos desde esa posición. En un momento dado baje la velocidad aún más, hasta 1/25s para bajar el ISO a 6400 y tener más calidad aunque con esta cámara incluso ISO 12800 puede ser perfectamente usable. Normalmente no se me hubiera ocurrido hacer tal cosa, pero conociendo el buen funcionamiento del estabilizador de imagen de la Canon R5 me la jugué. No tenía tiempo para revisar las imágenes: tomé tantas como pude y ya las revisaría en casa.

Levanté la cámara unos centímetros más para evitar las hierbas que tenía justo enfrente del objetivo, pero entonces la corza me vio. Como me movía sigilosamente y estaba bastante camuflado, no sabía lo que era exactamente y se quedó un rato mirándome. Me miraba, daba dos pasos, me volvía a mirar… Fue entonces cuando le pude sacar la mejor foto de la serie.

La corza siguió sospechando y vi claramente cómo se dirigió cautelosamente al camino por el que yo bajaba para saber qué era esa cosa extraña que la estaba molestando. Otra prueba más de la curiosidad de estos animales. En cuanto me pudo ver sin hierbas por delante salió corriendo, sin darme ninguna oportunidad de hacerle una foto con el campo de visión limpio, aunque lo cierto es que las que le había hecho antes son fantásticas y estoy muy contento con ellas. Las hierbas desenfocadas en primer plano le dan profundidad a la imagen y un toque místico.

Me fui a casa con varias fotos, no las mejores de mi vida pero sí fotos buenas y diferentes, de las que hacía tiempo que tenía ganas de hacer. Además, comprobé la calidad de imagen de la Canon R5 y cómo su estabilizador y enfoque al ojo me ayudaron a conseguir esta foto.

P.D: Últimamente he escrito unos cuantos artículos, si te apetece pásate por las entradas al blog para ver si hay alguno que te pueda interesar. En «De Urogallos y Corzos» explico otra experiencia con un gran corzo macho y ha tenido mucho éxito.

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